Poema

Pluma

Vas y vienes por ese pasillo en el que apenas cabemos los dos
y nos quedamos atrapados entre besos de amor desesperado
como deseando que el tiempo esté de nuestro lado
al menos por una vez.
Y luego nada.
Y más tarde,
todo.

Si se trata de dormir, tus ojos.
Si se trata de soñar, tus besos.
Si se trata de volar, tu cama.
Si se trata bien a tu corazón, el paraíso.

Yo nunca he creído en las verdades a medias
a excepción de ti.
Y es que a veces menos de la mitad de lo que me das
es más del doble de lo que necesito.

Me cuentas tus sueños y me vuelvo hacia ti,
y me arrastro hacia ellos
sigiloso,
esperando que
no notes que mis brazos quieren ser tú.
Y me cuentas tus deseos y me pongo ansioso,
caigo, me destrozo, y revivo en tus cuentos
de horizontes infinitos.
Y me cuentas los lunares y los centímetros de tu cuerpo
al mío y los segundos de tu boca al cielo y
extraño los días que van y las noches que
aún no llegan.

Te escribo con sangre de corazones ajenos,
como cuando bailas de cuerpo en cuerpo
llamándome de alguna forma que no entiendo.
Me convierto entonces en calor, y
elevo tu aire al suelo,
salvándonos del infierno de tus palabras
y rescatándonos del fuego de tus dedos;
dedos que tocan suaves la superficie
de tu piel y mi piel
que siempre es una.

Y aunque eres mil toneladas de espacios
llenos de vacíos,
me alegra llamarte pluma, pues ahora ya no me pesas.
Y a pesar de que descanso sobre las cenizas del
recuerdo que no dudamos en volver a la vida
cada noche de otoño,
me mata llamarte pluma,
pues ahora ya no te siento.

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