Poema

Orilla

Las cosas siempre son más complicadas de lo que parecen cuando se trata de amor o de ti. Todo se ve más pequeño y opaco desde tu altura, y de lo único de lo que dan ganas es de saltar al vacío tomado de tu mano. Es cierto que tomé varias decisiones equivocadas en la vida y la verdad siempre pareció una mentira que te gustaba contarte a ti misma una y otra vez entre estrellas fugaces sin luz ni estela ni fe ni voz.

“Vive el día como si fuera lo único que existe”, te dije. Tú te quedaste en silencio encerrada en el futuro y comenzamos a soñar con los imposibles de nuestras vidas pasadas… Nuestros ancestros estarían decepcionados de nosotros.

Le arrebatamos a nuestras almas la alegría de vernos felices, como si pudiéramos comprar una nueva en cualquier esquina; quizás podemos. Asumimos la tarea de ser quienes somos, por el puro placer de sentir que existimos, pero no hemos sido capaces de ver más allá del cielo por encima de nuestros propios hombros.

Te encontré en el fondo del océano ahogándote con el poco aire que te quedaba en las palabras como rogando al universo porque te dejara quedarte un segundo más o dos.

Y nos llenamos los pasos de arena, y nos llenamos los brazos de soledad.

Y engendramos corazones de piedra, y exigimos de todo, excepto piedad.

Vives varada al borde de mi pensamiento, y si algún día decides marcharte, me llevas contigo para olvidarme de lo que era la vida aquí y aprender a tomar lo mejor de un mundo alterno en el que tus palabras son las únicas que guían, en el que tu ojos son los únicos que iluminan, y en donde el aroma de tu piel está en todas partes, y tu risa es el único alimento. Llévame contigo o entiérrame por siempre aquí para que el tiempo me asfixie la voluntad.

Quítame un peso de encima.
Arráncame las dudas de raíz.
Vístete de mi mirada.
Piérdeme la voluntad y doblégame la razón.
Recuperemos juntos el amor que perdiste.
Lluéveme a cantaros tus ideas.
Báilame confusa de madrugada.
Encuéntrame el lado más dulce.
Háblame siempre de ti.

Sucede que hacemos las maletas con la intención de no mirar atrás, pero terminamos volviendo para asegurarnos de que no hayamos olvidado nada, cuando olvidar es lo que realmente necesitamos. Lo que nunca pudimos hacer. Lo que jamás dejaremos de intentar; y es que todos estamos solos de una u otra forma, pero no nos gusta aceptarlo y aprendemos a esquivar balas que ni siquiera han sido disparadas, y aprendemos a salvarnos de un peligro que ni siquiera existe.

Por mi parte, hay algo de lo que estoy seguro: si he de vivir desolado, quiero que sea a tu lado; si he de morirme de amor, quiero que sea por ti.

No he podido entender la verdadera diferencia entre la vida y la muerte desde que me empezaste a hacer falta; las cicatrices en el corazón en ocasiones se abren cuando el silencio no es suficiente al pie de tu ventana. Encuéntrame de noche si decides que la eternidad se siente más cómoda viviéndola entre dos, pero vuelve, viajera del tiempo, y consúmeme el presente sin miedo a que tus demonios te devoren el corazón y se lleven tu alma. Sin miedo a que yo te corrompa la razón.
Sin miedo a mí.

Quédate conmigo a la orilla del mar
para observar juntos a la luna
morir en paz en el
horizonte.

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