Poema

Ansiedad

Entonces, nos damos cuenta: nos pasamos toda la existencia tratando de llenar las expectativas del mundo porque eso es lo que nos han enseñado desde el momento en que nacimos, y terminamos convertidos en máquinas programadas para sentir lo que es correcto, para hacer lo que debe hacerse sin cuestionar. Tenemos una detallada guía diseñada para aprender a actuar apropiadamente, y un camino perfectamente trazado por el cual caminar sin tropezar ni una sola vez. No necesitamos hallar la iluminación porque la cegadora luz de la fe ya apunta directamente a nuestros ojos indiferentes. Se nos ha dado todo lo indispensable para ser felices.

Pero vivir la vida nunca ha sido fácil, y entenderla, menos.

Peor aun cuando aprendemos a defendernos luego de muchas peleas y descubrimos cómo amortiguar el impacto luego de tantas caídas; pero los puños no siempre son un arma y el golpe no siempre es contra el suelo, pues la batalla más grande es contra nosotros mismos y el descenso más profundo es hacia nuestro propio infierno.

Y por si eso fuera poco, ¿se supone que también debemos encontrar el amor?
Aunque, ahora que lo pienso, creo que eso fue lo único en lo que, por poco, no se equivocaron. Y es que, nosotros, nunca fuimos capaces de encontrar el amor; ni siquiera lo estábamos buscando ni lo esperábamos, pero de alguna forma inexplicable, y contrario a todas las probabilidades… fue el amor el que nos encontró.

A juzgar por tu mirada, ya lo sabías de antemano.

Como si lo hubieras planeado,
o el universo te lo hubiese contado en
secreto mientras yo imaginaba
mil historias respecto al futuro;
mientras yo soñaba a tu lado,
contemplando el suave aroma
de tu valiente mirada y
el color exacto de tu voz
al viento.

Tus cicatrices me enseñaron,
en un instante, la aflicción en
el espíritu de los viajeros
que siempre buscan
refugio en el olvido, pero
no con la esperanza de ser
encontrados, sino de
encontrarse a sí mismos.

Y yo más que encontrarme,
prefiero perderme en la infinidad (de tu cuerpo),
y volver a casa en la quietud (de tus brazos)
para sentir refugio en el calor (de tus besos).

No vas a creérmelo, pero
enamorarme de ti me tomó tres segundos,
y recordarte, me ha tomado el resto de ellos,
pues siguen ausentes orbitando tu atmósfera
una y otra vez, como deteniendo
el tiempo en tu esencia desde
la tarde en que te conocí.

Desde entonces tengo más ganas de ti
que de mí mismo, y cuento los días
ansioso por devorar los kilómetros
que me separan de tu puerta
y anhelo constante vestirme
de tu piel por la noche
otra vez.

Pues así me fui, con tu cama
oliendo a melancolía,
el reloj imparable,
la oscuridad en el café de tus ojos
y el sinfín de lacónicas memorias
que no dejan de llenarnos el corazón de
ansiedad y el alma de sueños.

Y así volveré, con el
invierno que sólo tú calmas
estando de frente,
para tenerme por siempre
en esa infinita manía
de habitar en tu mente.

Y te voy a querer desde
aquí hasta el final de la nada;
y te voy a amar constantemente.

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